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¿El ejercicio físico puede mejorar una depresión más que los propios medicamentos?

El ejercicio físico puede mejorar una depresión más que los medicamentos.

Que la actividad física es fundamental para la buena salud, tanto física como mental, no es nada nuevo. Ya en la década de los 70 y 80, los estudios de observación mostraron que los estadounidenses que hacen ejercicio,  no sólo eran menos propensos a estar deprimidos de los que no lo hacían, si no que además tenían menos probabilidades de deprimirse en el futuro.

Según nos relata el psicólogo Miguel Ángel Rizaldos, en 1999, investigadores de Duke University han demostrado en un ensayo controlado aleatorizado que los adultos deprimidos que participaron en un plan de ejercicios aeróbicos mejoraron tanto como los tratados con sertralina, el fármaco que, comercializado como Zoloft, ganaba Pfizer más de $ 3 mil millones al año antes de su patente expiró en 2006.

Los ensayos posteriores han repetido estos resultados, mostrando una y otra vez que los pacientes que siguen regímenes de ejercicio aeróbico, se aprecia una mejoría en su depresión comparable a la de los pacientes tratados con la medicación, y que ambos grupos les va mejor que los pacientes que recibieron sólo un placebo.

Rizaldos cree que “la inmensa mayoría de las investigaciones que estudian la relación entre ejercicio físico y bienestar psicológico han utilizado los ejercicios aeróbicos. Se ha demostrado que el ejercicio ha de tener la suficiente duración e intensidad para producir efectos psicológicos positivos”. Como señalan Weinberg & Gould (1996), se puede decir que:

  • Se ha puesto de manifiesto que el ejercicio regular está relacionado con disminuciones de la depresión a largo plazo.
  • Cuanto mayor es el número total de sesiones de ejercicios, mayor es la reducción de los niveles de depresión.
  • La intensidad del ejercicio no está relacionada con cambios en la depresión.
  • Cuanto más largo es el programa de ejercicios, mayor es la reducción en los niveles de depresión.
  • El tiempo total de ejercicio a la semana no está relacionado con cambios en la depresión.

Pero para Rizaldos, y a pesar de que tenemos datos limitados, las pruebas parecen apuntar en la misma dirección: “El ejercicio aumenta el estado de ánimo. No sólo alivia los síntomas depresivos, pero también parece evitar que se repitan”.

Según apunta e su blog Rizaldos, los biólogos y neurólogos han comenzado a mostrar que el ejercicio puede alterar la química cerebral en la mayor parte de la misma manera que los medicamentos antidepresivos lo hacen. “En la Universidad de Georgia, el profesor Philip Holmes y sus colegas han demostrado que en el transcurso de varias semanas, el ejercicio puede cambiar en ciertos genes que aumentan el nivel de galanina en el cerebro, un neurotransmisor péptido que parece bajar el tono de la respuesta del cuerpo al estrés por regulación de otra sustancia química del cerebro, la noradrenalina”, añade.

El cerebro se entrena para tener menos ansiedad a estímulos nuevos.

“El resultado es que el cerebro se entrena para tener menos ansiedad en respuesta a estímulos nuevos”, señala Rizaldos. Mientras que los sucesos que no son “exactamente problemas”, a los que se enfrentan la mayoría de las personas , la respuesta neuroquímica humana puede reaccionar de manera similar. “Con el ejercicio nuestro cerebro se hace menos susceptible a la ansiedad ante eventos inofensivos pero inesperados, como por ejemplo: faltar a una cita o conseguir un aparcamiento . Un poco de tensión mental y la estimulación del ejercicio físico nos puede ayudar a mantener, en el día a día, otra perspectiva de los problemas”, explica. En cualquier caso, si crees que sufres depresión o tu cerebro está respondiendo a algún estímulo nuevo de una forma no muy adecuada, puedes consultarle online a Miguel Ángel Rizaldos.

Finalmente, Miguel Ángel Rizaldos consluye con una cita de Homes que define muy bien esta situación: “El ejercicio es la condición más normal o natural y que el sedentarismo es en realidad la situación anormal”.
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El ejercicio y la alimentación, pilares fundamentales para luchar contra la diabetes

La diabetes es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no fabrica la cantidad de insulina que el cuerpo humano necesita, o bien la fabrica de una calidad inferior. La insulina es la encargada del transporte de la glucosa al interior de las células y al hígado para su transformación en glucógeno. Si el sistema falla, se produce u exceso de azúcar en sangre, denominado  diabetes. Los valores normales se establecen en:

 
  1. De 80 a 120 mg/dl antes de los alimentos.
  2. Niveles inferiores a 160 mg/dl dos horas después de los alimentos.
  3. Entre 100 y 140 mg/dl antes de irse a dormir.

Según la dietista Josefa Cobos, la diabetes afecta al 6% de la población. “Las posibilidades de contraerla aumentan a medida que una persona se hace mayor, de modo que por encima de los setenta años la padece alrededor del 15% de las personas”, apunta. También recalca que es “esencial” educar a los pacientes “para que controlen su diabetes de forma adecuada”, porque, según dice,  “puede acarrear otras enfermedades tanto o más importantes que la propia diabetes”. Algunas de estas enfermedades son las dolencias cardiovasculares, neurológicas, retinopatía o nefropatía.

Síntomas    

El momento de aparición de la enfermedad, así como las causas y síntomas que presentan los pacientes, dependen del tipo de diabetes de que se trate. Los síntomas de la diabetes son ciertamente fáciles de detectar, según señala Cobo, los principales son visión borrosa, sed excesiva, fatiga, micción frecuente, hambre y pérdida de peso.

Debido a que algunos tipos de diabetes se desarrollan lentamente, algunas personas con niveles altos de glucemia son completamente asintomáticas. La detección precoz puede prevenir o retrasar las complicaciones de la diabetes.

DiabetesSobre el tratamiento, Josefa Cobos es muy tajante: “No existe cura para la diabetes. El tratamiento consiste en medicamentos, dieta y ejercicio para controlar el azúcar en la sangre y prevenir síntomas y problemas”.

Una de las claves para luchar contra ella, es la alimentación. “Junto con el ejercicio, la alimentación, es una de los pilares fundamentales para el control de la diabetes”, añade Cobos. Para ella, hay que romper con algunos tópicos que rodean a la enfermedad. “Debemos desechar el mito de que la dieta del diabético es una dieta insípida y excesivamente restrictiva,  nada de eso, una persona diabética puede comer prácticamente de todo, únicamente es necesario unos pequeñas nociones de los alimentos, sobre todo de aquellos ricos en HC, de los que debemos optar por los de bajo índice glucémico (IG). De hecho, su alimentación es totalmente compatible con la del resto de la familia, realizando ligeras modificaciones”, explica.

Como Cobos ha repetido, el ejercicio es el mejoror aliado para equilibrar los excesos, por lo que lanza un consejo clave (además de realizar un buen seguimiento): “Si un día por algún motivo en particular nos hemos excedido en nuestra ingesta, compensaremos haciendo la caminata más larga, para eliminar el exceso de azúcar en sangre”, concluye.

Muchos síntomas, pocos tratamientos: Día a día del paciente con Sensibilidad Química Múltiple

Dolor en el pecho, broncoespasmo, dermatitis, problemas gastrointestinales, dolor muscular y articular, fatiga extrema, cefaleas, irritación y picor ocular, dificultad para la concentración, problemas de memoria… ¿Le suenan estos síntomas? ¿Cree que los puede padecer? Todos ellos son lo que siente un paciente con Sensibilidad Química Múltiple.

Todos estos síntomas se desencadenan al entrar en contacto con los tóxicos ambientales y prácticamente desaparecen en un ambiente limpio, donde no se utilizan productos químicos agresivos para la limpieza. Es así de sencillo. Otras veces, ocurren con el olor de las pinturas, de los muebles nuevos, en edificios catalogados como ‘inteligentes’ con pobre ventilación al exterior o incluso en ambientes especialmente higiénicos como los quirófanos.

Las máscaras, el ligero estigma de los que padecen Sensibilidad Química Múltiple.

La Doctora Remedios Más ahonda en las razones de estos tóxicos. “Desde las industrias químicas hay una reticencia a admitir que algunos de sus productos pueden provocar enfermedades y se intenta culpar a los pacientes, dando por cierto que son sus propios organismos los que están enfermos y por lo tanto reaccionan de forma anómala a sus productos, en lugar de admitir que la causa de su enfermedad son los propios productos químicos”, explica.

Muchos de estos pacientes, según apunta, han sido “diagnosticados de trastornos de tipo psiquiátrico de ansiedad o depresión”, aunque estos diagnósticos son “sistemáticamente rechazados por el propio paciente”. Otro problema además de sufrir los síntomas, son los posibles tratamientos. “No existe un tratamiento médico para esta enfermedad. Tan sólo evitar la exposición continuada a los tóxicos y tratar, de forma puntual algunos de los síntomas más molestos”, asevera Mas, que también habla sobre el estigma con el que cargan algunos de ellos. “Cada vez vemos más a personas con mascarillas en la cara. Esta es la señal que los identifica”. De hecho, añade “los pacientes son reticentes a acudir a los hospitales o consultas médicas, ya que en estos ambientes se utilizan potentes desinfectantes y hay multitud de olores que les empeoran los síntomas”.

Sin embargo, la tecnología está permitiendo que esto cambie, con el nacimiento de algunas plataformas online que proporcionan a los pacientes la posibilidad de estar en contacto con su médico sin exponerse a los productos ambientales que los enferman.

“Sin necesidad de salir de su ambiente seguro pueden consultar cualquiera de los síntomas que les surjan utilizando los archivos de imagen o vídeo que se pueden adjuntar en la historia clínica. Al mismo tiempo, pueden recibir los consejos higiénicos y los tratamientos puntuales de cada nuevo síntoma”, señala la Dr. Más, una habitual de estas plataformas, que atiende a través de consulta online.

En conclusión, el consenso actual más difundido es que la Sensibilidad Química Múltiple es una patología en expansión que afecta en diferentes grados al 5% de la población.

Las causas ‘ocultas’ de la hipertensión arterial y sus posibles tratamientos dietéticos

hipertensiónLa tensión arterial es la presión que el corazón ejerce sobre las arterias para que éstas conduzcan la sangre hacia los diferentes órganos del cuerpo humano. La presión máxima se obtiene en cada contracción del corazón (sístoles) y la mínima (diástoles), con cada relajación.<

Josefa Cobos, dietista, conoce muy bien esta dolencia y sabe el cuidado que hay que tener para diagnosticarla, tratarla y que no deje huella en el cuerpo humano. “Normalmente la presión alta no presenta ningún síntoma, por lo que muchas personas pueden ser hipertensas sin saberlo, lo que hace que  puedan desarrollar cardiopatía y problemas renales como consecuencia de ello”, señala.

Algunos motivos que causan la hipertensión arterial son la obesidad, la abundante sal, el consumo excesivo de alcohol, la herencia genética de los padres, el sedentarismo, la raza (los negros son más propensos por genes), la edad, el sexo (los varones son más propensos) y los medicamentos (como conceptivos orales, esteroides anabolizantes y antiinflamatorios, entre otras cosas, etc.).

Cobos sabe bien los peligros que puede tener esta dolencia a medio plazo. “La hipertensión se considera como un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular, por lo que es muy importante observar una serie de recomendaciones dietéticas, orientadas para la normalización del peso, control de la calidad de la grasa y del colesterol, así como asegurar una cantidad adecuada de fibra y antioxidantes naturales, relacionados con la prevención de estas enfermedades” apunta.

Esta especialista en tratar en su consulta este tipo de problemas apunta algunos consejos para que la comida resulte más apetitosa . “Los alimentos ácidos como el vinagre de manzana o vino y el zumo de limón o los aliáceos como el ajo, la cebolla, cebolleta o puerro son recomendables”, indica.  “La albahaca, el hinojo, comino, estragón, laurel, tomillo, orégano y el perejil son hierbas aromáticas muy recomendables” añade Cobos, que también recuerda que la pimienta, el pimentón y el azafrán “van muy bien”.<

Cobos hace una última recomendación explicando que “para intensificar más los sabores, podemos macerar el aceite de oliva y el vinagre con hierbas aromáticas, e incluso es muy buena idea dejar las carnes y el pescado aliñados desde el día previo”. Algo sencillo y que puede dar beneficios a medio plazo.

Algunas recomendaciones a evitar

A evitar: Sal,  café, té, sopas de sobre, conservas, zumos envasados, charcutería, carnes ahumadas y curadas, moluscos y crustáceos, pescados ahumados y secados, aceitunas y encurtidos, patatas de bolsa y todo tipo de snacks, condimentos salados y bebidas refrescantes y todos aquellos alimentos que tengan sodio añadido.

Consumir:Fruta natural, verduras y hortalizas frescas, carnes frescas, pescado fresco, patatas, legumbres, harina y cereales con moderación.

Aconsejados:Queso de burgos, mantequilla, requesón y pan,  sin sal, cuajada, leche,  frutos frescos, carnes y aves no grasas

El dolor crónico inespecífico, ¿motivado por un error de aprendizaje del cerebro?

El dolor crónico es una dolencia que sufren muchas personas.

En los últimos años se han producido enormes avances en el conocimiento de la neurobiología del dolor. Sin embargo, y de forma sorprendente, hay evidencia de que esos mayores conocimientos no siempre se han traducido en un mejor conocimiento del dolor por la población general ni en nuevos enfoques en el tratamiento del dolor; particularmente en el del dolor crónico inespecífico.

José Sánchez-Mota, médico en Medicina del Dolor, es un gran conocedor de esta dolencia. “Recientes estudios muestran que muchos profesionales de la salud reconocen no tener información actualizada acerca de los mecanismos de producción del dolor crónico y de sus formas de tratamiento”, apunta. Para Sánchez-Mota, sigue existiendo un problema a pesar de los avances porque, según explica, “siguen dándose por buenos muchos mitos, prejuicios, creencias e informaciones inexactas acerca del dolor, lo que ocasiona mucho sufrimiento innecesario”.

De hecho, sabemos hoy que todo dolor se produce en el cerebro y se “proyecta” sobre el órgano o la zona corporal donde lo localizamos. “Lo de que el dolor no se produce en la zona que duele sino en el cerebro suele molestar a algunas personas”, apunta, por lo que te dicen “A mi no me fastidies, mi dolor no es imaginario, yo no me lo invento, a mi me duele de verdad”, una afirmación ante la que Sánchez-Mota es tajante:  “Tienen razón”.

Muchas personas sufren de un dolor al que no le encuentran causa.

El que todo dolor se produzca en el cerebro no lo convierte en dolor “psicológico”. “Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que no existe tal dolor psicológico o imaginario. Antes bien, lo que venimos a decir es que todo dolor es neurológico, tiene una base conocida en el funcionamiento cerebral”, apunta. También, según Sánchez-Mota, se dice con total convicción que todo “dolor sentido” es “un dolor real”, lo que no significa que en su causa “podamos encontrar una lesión o alteración objetivables en la zona que duele”, afirma. “Otra cosa es que lo buscáramos en el cerebro, donde sí que lo encontraríamos”, concluye.

Si se explica adecuadamente, la fisiología del dolor es fácilmente comprensible para cualquier persona y hay evidencia científica de que el mejor conocimiento de esta fisiología cambia el modo de pensar sobre él, disminuye su significado amenazante y ayuda a su tratamiento.

“Así como el dolor agudo es una señal de alarma que ayuda al organismo a prevenir daños potencialmente graves, hoy sabemos que el dolor crónico carece de utilidad. No sólo eso, también sabemos que el dolor crónico en ausencia de lesión se debe a un error de aprendizaje del cerebro a la hora de interpretar las señales de alarma. Y como todo error de aprendizaje puede ser ‘reprogramado’, con el entrenamiento adecuado”, subraya.

Para Sánchez-Mota, sí se acepta lo que la ciencia pone en evidencia: “El dolor crónico inespecífico es fruto de un error del cerebro que pone una etiqueta donde no debe y que la estructura y la función cerebral se modifican por la interacción con el entorno, no debe resultarnos muy difícil entender para qué sirve tener una correcta información acerca del dolor”.

Por último, añade que “ayuda a entender lo que el dolorsignifica, a sentir menos dolor y también, sobre todo, sirve para aprender a liberarnos del dolor parásito que carece de utilidad y sentido”.