Le relevancia de una dieta saludable en el día a día del envejecimiento de la tercera edad

Latercera edad no tiene porque no ser sinónimo de dieta saludable, sobre todo en un momento en el que el cuerpo humano necesita que se doble la atención que se le ha prestado siempre. El envejecimiento en sí implica cambios moleculares, fisiológicos y por supuesto psicológicos que  desencadenan una serie de  problemas de salud, derivados, principalmente, de una vida con hábitos poco saludables.
 
La nutrición adecuada es básica en la tercera edad.
La dietista Josefa Cobos conoce perfectamente estos cambios que afronta el cuerpo humano una vez cumplidos más de 60-65 años, y apunta a la pérdida de movilidad, el deterioro cognitivo, y una disminución de la función sensorial que altera los sentidos como factores clave a los que prestarle mucha atención. “Estos cambios hacen que se pierda un poco la percepción de la realidad; aunque cierto es, que afecta tanto al tacto, como a la vista o el oído, en cuanto a la alimentación, son la pérdida del olfato y el gusto lo que hace que estas personas prescindan con facilidad de nutrientes esenciales tales como  frutas y verduras que son los únicos alimentos que proporcionan oligoelementos (calcio, hierro, fósforo, etc.) y  vitaminas, tan importantes para la realización de las funciones metabólicas”, explica.
 
Un elemento clave es el otro ausente en la tercera edad: El agua. “Al no encontrarle sabor, la rechazan con insistencia, uniendo  a la desnutricióncuadros de  deshidratación, una de las más importantes causas de requerimiento de atención médica de las personas mayores de setenta años”, relata Cobos.
 
El agua, elemento clave para tener buenos hábitos alimenticios en la tercera edad.

De todo esto concluimos Cobos extrae un mensaje muy claro. “La importancia de llegar a la tercera edad con unos buenos hábitos alimenticios y una actividad física diaria regular, por supuesto, acorde con su edad, para que estos cambios supongan el mínimo impacto posible”. Los problemas más comunes y sobre los que hay que prestar mucha atención, según Josefa Cobos, en la tercera edad son la desnutrición, la obesidad y la deshidratación.

 

 
Los especialistas en la materia señalan que el estado de ánimo influye directamente en la alimentación apuntando que “en esta etapa de la vida la depresión, la soledad y el aislamiento social pueden llevar a los adultos mayores a no comer y a desnutrirse”, relata Cobos.
 
Por otro lado, enfermedades como el Alzehimer, Parkinson y la Demencia Senil influirían en la nutrición, ya que muchas veces no se acuerdan que ya comieron y lo hacen dos veces, o simplemente no son capaces de alimentarse por sí solos. En estos casos es fundamental el apoyo de la familia o especialistas que los acompañen en este camino.

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