El dolor crónico inespecífico, ¿motivado por un error de aprendizaje del cerebro?

El dolor crónico es una dolencia que sufren muchas personas.

En los últimos años se han producido enormes avances en el conocimiento de la neurobiología del dolor. Sin embargo, y de forma sorprendente, hay evidencia de que esos mayores conocimientos no siempre se han traducido en un mejor conocimiento del dolor por la población general ni en nuevos enfoques en el tratamiento del dolor; particularmente en el del dolor crónico inespecífico.

José Sánchez-Mota, médico en Medicina del Dolor, es un gran conocedor de esta dolencia. “Recientes estudios muestran que muchos profesionales de la salud reconocen no tener información actualizada acerca de los mecanismos de producción del dolor crónico y de sus formas de tratamiento”, apunta. Para Sánchez-Mota, sigue existiendo un problema a pesar de los avances porque, según explica, “siguen dándose por buenos muchos mitos, prejuicios, creencias e informaciones inexactas acerca del dolor, lo que ocasiona mucho sufrimiento innecesario”.

De hecho, sabemos hoy que todo dolor se produce en el cerebro y se “proyecta” sobre el órgano o la zona corporal donde lo localizamos. “Lo de que el dolor no se produce en la zona que duele sino en el cerebro suele molestar a algunas personas”, apunta, por lo que te dicen “A mi no me fastidies, mi dolor no es imaginario, yo no me lo invento, a mi me duele de verdad”, una afirmación ante la que Sánchez-Mota es tajante:  “Tienen razón”.

Muchas personas sufren de un dolor al que no le encuentran causa.

El que todo dolor se produzca en el cerebro no lo convierte en dolor “psicológico”. “Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que no existe tal dolor psicológico o imaginario. Antes bien, lo que venimos a decir es que todo dolor es neurológico, tiene una base conocida en el funcionamiento cerebral”, apunta. También, según Sánchez-Mota, se dice con total convicción que todo “dolor sentido” es “un dolor real”, lo que no significa que en su causa “podamos encontrar una lesión o alteración objetivables en la zona que duele”, afirma. “Otra cosa es que lo buscáramos en el cerebro, donde sí que lo encontraríamos”, concluye.

Si se explica adecuadamente, la fisiología del dolor es fácilmente comprensible para cualquier persona y hay evidencia científica de que el mejor conocimiento de esta fisiología cambia el modo de pensar sobre él, disminuye su significado amenazante y ayuda a su tratamiento.

“Así como el dolor agudo es una señal de alarma que ayuda al organismo a prevenir daños potencialmente graves, hoy sabemos que el dolor crónico carece de utilidad. No sólo eso, también sabemos que el dolor crónico en ausencia de lesión se debe a un error de aprendizaje del cerebro a la hora de interpretar las señales de alarma. Y como todo error de aprendizaje puede ser ‘reprogramado’, con el entrenamiento adecuado”, subraya.

Para Sánchez-Mota, sí se acepta lo que la ciencia pone en evidencia: “El dolor crónico inespecífico es fruto de un error del cerebro que pone una etiqueta donde no debe y que la estructura y la función cerebral se modifican por la interacción con el entorno, no debe resultarnos muy difícil entender para qué sirve tener una correcta información acerca del dolor”.

Por último, añade que “ayuda a entender lo que el dolorsignifica, a sentir menos dolor y también, sobre todo, sirve para aprender a liberarnos del dolor parásito que carece de utilidad y sentido”.

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