La psicología, el mejor método para convivir y derrotar al trastorno de ansiedad

 
La ansiedad, difícil de manejar, pero no imposible.

Un 20% de la población mundial se estima que sufre algún tipo de trastorno de ansiedad. Junto con el estrés y la depresión, una de las enfermedades del siglo XXI. Sin embargo, y a pesar de que en los últimos años se ha hecho más y más común entre nosotros, siempre ha estado ahí. La ansiedad ha sido compañero del ser humano desde siempre.

“Por la ansiedad no nos atropella un coche o no caemos por un barranco. Cuando nos enfrentamos a un peligro como ocurría en el principio de los tiempos (una manada de lobos, por ejemplo) el sistema nervioso desataba una serie de reacciones fisiológicas (taquicardia, tensión muscular, hiperventilación, etc.) que nos capacitaban para correr o luchar. La ansiedad es la respuesta del organismo a una amenaza y debe de quedar claro que sin la ansiedad no hubiera sobrevivido el ser humano”, explica el psicólogo Miguel Ángel Rizaldos.

Rizaldos habla de la doble ambivalencia que puede tener esta dolencia. Para él, no este trastorno es “bueno” cuando el supuesto peligro que desencadena la ansiedad no lo es tanto. “Coger un autobús puede ser peligroso, pero eso no justifica que aparezca la ansiedad”, explica el experto en psicología clínica Miguel Ángel Rizaldos.

La ansiedad se manifiesta cuando tenemos problemas en circunstancias en la que el resto de gente parece no tenerlas. Entonces se puede considerar que sí existen problemas de ansiedad. A más problemas, más nivel de ansiedad. “La información que recibimos de nuestro entorno a través de nuestros sentidos es procesada en nuestro cerebro de forma errónea”, apunta Rizaldos, que pone un claro ejemplo: “Si nos encontramos ante un examen y procesamos esa circunstancia de forma errónea nuestro cerebro entenderá que nos encontramos ante un ”león”  y desencadenará todos los mecanismos de respuesta ante un “peligroso león”.

Las causas de la ansiedad suelen ser genéticas, fisiológicas o incluso cognitivas, y no existen apenas tratamientos farmacológicos que sean efectivos, aunque Rizaldos cree que la mayoría de medicamentos son “muy útiles” en el tratamiento de la mayoría de este tipo de trastornos.

El proceder de la ansiedad es el siguiente: Aparece y el corazón bombeará sangre hacia los músculos para que estén preparados a luchar o huir, nuestros pulmones funcionarán más rápidamente con objeto de oxigenar dichos músculos y nuestra visión se agudizará. Un procedimiento también con una gran ambivalencia. “Una conducta así no puede prolongarse en el tiempo, así que la reacción que nos salvaría caso de ser un peligro real, se convierte en peligrosa en sí misma”, señala Rizaldos. Si se permanece en ese estado durante un tiempo prolongado, es probable que los músculos del cuello se tensen durante demasiado tiempo. Al hacerlo, oprimirán ligeramente las arterias responsables del riego cerebral y puede aparecer el mareo. La visión periférica, pasado cierto tiempo distorsiona los objetos haciéndonos sentir que se ‘enloquece’.

Controlar ansiedad es difícil, pero no imposible: “El proceso de la ansiedad es tan aparatoso como poco peligroso. Es imposible tener un infarto durante un subidón de ansiedad, o incluso desvanecerse, ya que la propia ansiedad lo impide, y la propia la sensación de irrealidad no es más que la visión periférica…”

Para Rizaldos, lo mejor para combatir la ansiedad es “convivir”con ella. “Tenemos que convivir con ella y decidir qué nivel de ansiedad nos vamos a permitir. Es difícil convertirla en nuestra aliada, por lo que es necesario mucha constancia y trabajar mucho con ella”, explica.

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