Archivo de la etiqueta: anorexia invertida

Las causas psicológicas y sociales que se esconden detrás de la vigorexia

En ocasiones, los que parecen más fuertes, pueden ser los más débiles. Algo así sucede a las personas que sufren algunos trastornos alimentarios muy comunes en los últimos años, sobre todo desde que la imagen se ha convertido en algo que se asocia directamente al éxito o al fracaso. Lo mismo que está ligado a la dismorfia muscular o la anorexia invertida, más conocida por su denominación más popular en los últimos tiempos, la vigorexia.

 
Pero ¿Qué es exactamente la vigorexia? La dietista Josefa Cobos conoce muy bien este trastorno y su implantación en el cuerpo humano. “La vigorexia es un trastorno emocional aunque aún no está reconocido como enfermedad por la comunidad médica internacional” sentencia. Como casi todos los trastornos de la alimentación, empiezan “de una forma sutil”, de manera que hasta que no está en un estadio avanzado, es difícil  ser detectado por las personas del entorno de quien lo padece, y mucho menos por quien lo sufre, apunta Cobos.
 
Uno de los principales síntomas, responde a pautas psicológicas. “La persona se obsesiona por su estado físico hasta niveles patológicos, tienen una visión de sí mismos distorsionada,  se ven débiles y enclenques”, señala Cobos. En sus inicios, son personas muy “aficionadas a practicar deporte”, de forma que “poco a poco lo convierten en el centro de su vida”, añade.  De esta manera, llegan a abandonar en muchos casos las relaciones sociales y descuidan otros aspectos de su vida, para dedicar todo su tiempo a entrenar y a cultivar el cuerpo. 

 
Pero el peligro de la vigorexia, para Cobos, no acaba ahí, y afecta a una vertiente social. “Con el tiempo ven que con la práctica de deporte no consiguen el cuerpo deseado, empiezan a incorporar ejercicios de musculación, lo practican de una forma metódica y constante, convirtiéndose en una obsesión, renuncian a viajar, reuniones familiares o de amigos, o cualquier otra actividad que le obligue a interrumpir su rutina; incluso entrenan con dolor y lesiones”, sentencia. 

 
El daño social que puede provocar este trastorno aún va más allá, ya que en muchos casos, los afectados van abandonando a sus amigos de siempre que son “reemplazados”por los compañeros del gimnasio, entre los que se siente “cómodo y comprendido”.“Estos nuevos compañeros valoran mucho su esfuerzo y dedicación, cosa que no ocurre entre sus familiares, que llegan a manifestar su preocupación por el exceso de ejercicio”, concluye Cobos.