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Psicología online: Causas y tipos más comunes del Trastorno obsesivo-compulsivo

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad (como la agorafobia y la fobia social) caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas, denominadas compulsiones dirigidas a reducir la ansiedad asociada. 

 

Para la psicóloga especialista Sonia Carod el trastorno obsesivo-compulsivo consiste en “la presencia de obsesiones que producen ansiedad”, que justamente provoca que “para aliviar la ansiedad producida por las obsesiones la persona tiene la necesidad de hacer una serie de acciones y comportamientos que se llaman compulsiones”.
El TOC se puede tratar con medicación y terapia.

Las causas del Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) pueden ser diferentes:
1. Como consceuencia de situaciones estresantes o estados depresivos.
2. Como consecuencia de una infancia marcada por un exceso de perfección y responsabilidad.
3. Herencia: tiene una pequeña base genética
4. Por un funcionamiento anormal en determinadas áreas del cerebro.
Sin embargo, Carod apunta que no solo hay un tipo de este trastorno, sino que hay muchos tipos más a tener en cuenta:
 
  • Lavado o limpieza: Lavado excesivo ( de manos, de cuerpo, de alguna parte del cuerpo), de ropa, de la limpieza de la casa.
  • Mentales: Obsesionados por hacer una tarea mental. P.ej: sumar, repetir un pensamiento…
  • De verificación: Verificar que no ha pasado nada malo, o que no han hecho daño a nadie. P.ej: verificar que la puerta de casa está cerrada
  • Acumuladores: Acumular cosas.
  • Religiosos: Si no han hecho determinada acción Dios les castigará.
  • Sexuales: Preguntan obscenidades, hacen gestos obscenos.
  • De agresión: Insultan a otras personas, se obsesionan con hacer daño físico a alguien.
 

Para Sonia Carod, existen otros trastornos asociados al TOC, como son el trastorno de pánico, trastornos depresivos, abuso de alcohol y juego patológico, trastornos de alimentación, hipocondría, cleptomanía, exhibicionismo. Suelen ser trastornos crónicos, apunta, pero “con el tratamiento adecuado la persona puede llevar una vida normal”, señala.

Para la Dr. Sonia Carod, la mejor forma de combatirlo es combinar un tratamiento farmacológico junto con el tratamiento psicológico. “Dentro del tratamiento psicológico aplicamos la terapia cognitivo-conductual ya que a nivel cognitivo trabajamos las obsesiones y a nivel conductual las compulsiones (acciones para aliviar la ansiedad producida por las obsesiones)”, finaliza.

A los niños no debe dolerles la cabeza

Quién no ha tenido alguna vez un dolor de cabeza. Esta dolencia es un importante problema desde la infancia a la edad adulta. De hecho, casi el 100% de las personas sufren algún episodio de cefalea a lo largo de la vida. Pero en algunas situaciones, ese dolor, empieza desde una edad muy temprana, lo que acaba siendo un problema no solo para el niño que lo sufre, sino también para los padres. Y sobre todo en un contexto desfavorable, ya que cada vez acuden a las consultas más familias preocupadas porque a alguno de sus hijos les duele la cabeza.

Los dolores de cabeza de los niños pueden afectar a las familias.
En estas circunstancias uno de los factores más relevantes a tener en cuenta es la edad. El Dr. Manuel Antonio Fernández, Médico Especialista en Pediatría y Neurología Pediátrica en el Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica, avisa de los cuidadosos que hay que ser en algunos casos. “Cuando un niño pequeño se queja de la cabeza, saltan las alarmas en la familia”, añade Fernández. Aunque las causas graves de dolor de cabeza (tumores, hipertensión intracraneal…) son extremadamente infrecuentes en la pediatría, no debemos olvidar su existencia.

“Cuando los padres de los niños consultan por una cefalea, debemos hacer un interrogatorio a fondo sobre el inicio de los episodios y todas sus características para poder evaluar la urgencia. Siempre es importante tener en cuenta los antecedentes de migraña en la familia, ya que la predisposición a heredarla es elevada”, explica Fernández, que recuerda que no conviene olvidar la “frecuente relación” entre cefalea y sinusitis, síntomas difíciles de diferenciar en algunos casos. Por último, Fernández también recomienda una valoración oftalmológica porque suele ser también frecuente en esas edades que algunos problemas visuales puedan ser la causa del dolor.

Cuando el motivo de la cefalea es una migraña, hay que tener en cuenta las importantes limitaciones en la vida diaria que puede sufrir un niño. “Si los episodios de migrañas son frecuentes provocan absentismo escolar y por supuesto dificultades en la vida familiar (trabajo de los padres, rendimiento académico…)”, apunta. Además, también hay que tener en cuenta que si el dolor es intenso pueden aparecer vómitos y dolor abdominal, hipersensibilidad a la luz y los ruidos que obliguen al chico a estar en su habitación acostado y con todo cerrado. “A veces supone una importante afectación de la calidad de vida de la familia”, recalca.

Tratamiento


Sobre un posible tratamiento efectivo, el Dr. Fernández Fernández señala que “para los episodios existen varias alternativas de tratamiento como el ibuprofeno (a nivel general) y los triptanes (específicos para la migraña), pero también es posible usar tratamientos preventivos para disminuir la frecuencia y la intensidad de los episodios de migraña”.

¿El ejercicio físico puede mejorar una depresión más que los propios medicamentos?

El ejercicio físico puede mejorar una depresión más que los medicamentos.

Que la actividad física es fundamental para la buena salud, tanto física como mental, no es nada nuevo. Ya en la década de los 70 y 80, los estudios de observación mostraron que los estadounidenses que hacen ejercicio,  no sólo eran menos propensos a estar deprimidos de los que no lo hacían, si no que además tenían menos probabilidades de deprimirse en el futuro.

Según nos relata el psicólogo Miguel Ángel Rizaldos, en 1999, investigadores de Duke University han demostrado en un ensayo controlado aleatorizado que los adultos deprimidos que participaron en un plan de ejercicios aeróbicos mejoraron tanto como los tratados con sertralina, el fármaco que, comercializado como Zoloft, ganaba Pfizer más de $ 3 mil millones al año antes de su patente expiró en 2006.

Los ensayos posteriores han repetido estos resultados, mostrando una y otra vez que los pacientes que siguen regímenes de ejercicio aeróbico, se aprecia una mejoría en su depresión comparable a la de los pacientes tratados con la medicación, y que ambos grupos les va mejor que los pacientes que recibieron sólo un placebo.

Rizaldos cree que “la inmensa mayoría de las investigaciones que estudian la relación entre ejercicio físico y bienestar psicológico han utilizado los ejercicios aeróbicos. Se ha demostrado que el ejercicio ha de tener la suficiente duración e intensidad para producir efectos psicológicos positivos”. Como señalan Weinberg & Gould (1996), se puede decir que:

  • Se ha puesto de manifiesto que el ejercicio regular está relacionado con disminuciones de la depresión a largo plazo.
  • Cuanto mayor es el número total de sesiones de ejercicios, mayor es la reducción de los niveles de depresión.
  • La intensidad del ejercicio no está relacionada con cambios en la depresión.
  • Cuanto más largo es el programa de ejercicios, mayor es la reducción en los niveles de depresión.
  • El tiempo total de ejercicio a la semana no está relacionado con cambios en la depresión.

Pero para Rizaldos, y a pesar de que tenemos datos limitados, las pruebas parecen apuntar en la misma dirección: “El ejercicio aumenta el estado de ánimo. No sólo alivia los síntomas depresivos, pero también parece evitar que se repitan”.

Según apunta e su blog Rizaldos, los biólogos y neurólogos han comenzado a mostrar que el ejercicio puede alterar la química cerebral en la mayor parte de la misma manera que los medicamentos antidepresivos lo hacen. “En la Universidad de Georgia, el profesor Philip Holmes y sus colegas han demostrado que en el transcurso de varias semanas, el ejercicio puede cambiar en ciertos genes que aumentan el nivel de galanina en el cerebro, un neurotransmisor péptido que parece bajar el tono de la respuesta del cuerpo al estrés por regulación de otra sustancia química del cerebro, la noradrenalina”, añade.

El cerebro se entrena para tener menos ansiedad a estímulos nuevos.

“El resultado es que el cerebro se entrena para tener menos ansiedad en respuesta a estímulos nuevos”, señala Rizaldos. Mientras que los sucesos que no son “exactamente problemas”, a los que se enfrentan la mayoría de las personas , la respuesta neuroquímica humana puede reaccionar de manera similar. “Con el ejercicio nuestro cerebro se hace menos susceptible a la ansiedad ante eventos inofensivos pero inesperados, como por ejemplo: faltar a una cita o conseguir un aparcamiento . Un poco de tensión mental y la estimulación del ejercicio físico nos puede ayudar a mantener, en el día a día, otra perspectiva de los problemas”, explica. En cualquier caso, si crees que sufres depresión o tu cerebro está respondiendo a algún estímulo nuevo de una forma no muy adecuada, puedes consultarle online a Miguel Ángel Rizaldos.

Finalmente, Miguel Ángel Rizaldos consluye con una cita de Homes que define muy bien esta situación: “El ejercicio es la condición más normal o natural y que el sedentarismo es en realidad la situación anormal”.
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El dolor crónico inespecífico, ¿motivado por un error de aprendizaje del cerebro?

El dolor crónico es una dolencia que sufren muchas personas.

En los últimos años se han producido enormes avances en el conocimiento de la neurobiología del dolor. Sin embargo, y de forma sorprendente, hay evidencia de que esos mayores conocimientos no siempre se han traducido en un mejor conocimiento del dolor por la población general ni en nuevos enfoques en el tratamiento del dolor; particularmente en el del dolor crónico inespecífico.

José Sánchez-Mota, médico en Medicina del Dolor, es un gran conocedor de esta dolencia. “Recientes estudios muestran que muchos profesionales de la salud reconocen no tener información actualizada acerca de los mecanismos de producción del dolor crónico y de sus formas de tratamiento”, apunta. Para Sánchez-Mota, sigue existiendo un problema a pesar de los avances porque, según explica, “siguen dándose por buenos muchos mitos, prejuicios, creencias e informaciones inexactas acerca del dolor, lo que ocasiona mucho sufrimiento innecesario”.

De hecho, sabemos hoy que todo dolor se produce en el cerebro y se “proyecta” sobre el órgano o la zona corporal donde lo localizamos. “Lo de que el dolor no se produce en la zona que duele sino en el cerebro suele molestar a algunas personas”, apunta, por lo que te dicen “A mi no me fastidies, mi dolor no es imaginario, yo no me lo invento, a mi me duele de verdad”, una afirmación ante la que Sánchez-Mota es tajante:  “Tienen razón”.

Muchas personas sufren de un dolor al que no le encuentran causa.

El que todo dolor se produzca en el cerebro no lo convierte en dolor “psicológico”. “Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que no existe tal dolor psicológico o imaginario. Antes bien, lo que venimos a decir es que todo dolor es neurológico, tiene una base conocida en el funcionamiento cerebral”, apunta. También, según Sánchez-Mota, se dice con total convicción que todo “dolor sentido” es “un dolor real”, lo que no significa que en su causa “podamos encontrar una lesión o alteración objetivables en la zona que duele”, afirma. “Otra cosa es que lo buscáramos en el cerebro, donde sí que lo encontraríamos”, concluye.

Si se explica adecuadamente, la fisiología del dolor es fácilmente comprensible para cualquier persona y hay evidencia científica de que el mejor conocimiento de esta fisiología cambia el modo de pensar sobre él, disminuye su significado amenazante y ayuda a su tratamiento.

“Así como el dolor agudo es una señal de alarma que ayuda al organismo a prevenir daños potencialmente graves, hoy sabemos que el dolor crónico carece de utilidad. No sólo eso, también sabemos que el dolor crónico en ausencia de lesión se debe a un error de aprendizaje del cerebro a la hora de interpretar las señales de alarma. Y como todo error de aprendizaje puede ser ‘reprogramado’, con el entrenamiento adecuado”, subraya.

Para Sánchez-Mota, sí se acepta lo que la ciencia pone en evidencia: “El dolor crónico inespecífico es fruto de un error del cerebro que pone una etiqueta donde no debe y que la estructura y la función cerebral se modifican por la interacción con el entorno, no debe resultarnos muy difícil entender para qué sirve tener una correcta información acerca del dolor”.

Por último, añade que “ayuda a entender lo que el dolorsignifica, a sentir menos dolor y también, sobre todo, sirve para aprender a liberarnos del dolor parásito que carece de utilidad y sentido”.