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Una buena nutrición y una dieta saludable para canalizar el colesterol en la sangre

 
El temido colesterol del que tanto se habla es ‘temido’ hasta cierto punto, porque no hay que olvidarse que en parte es necesario para nuestro organismo y para una correcta nutrición.. A pesar de que en grandes cantidades puede tener consecuencias negativas para nuestra nutrición y para llegar una dieta saludable, es esencial para regular algunas sustancias que el cuerpo humano necesita. Además, es un problema que afecta a muchas personas en todo el mundo y que se puede prevenir con un buen tratamiento y una buena alimentación diaria. 
 
El colesterol, necesario en cantidades adecuadas.
“El colesterol es un tipo de grasa necesaria para nuestro organismo que el cuerpo utiliza para proteger los nervios, fabricar tejido celular, sintetizar hormonas, además los rayos solares lo transforma en vitamina D,  para proteger la piel de agentes químicos y evitar la deshidratación”, explica Josefa Cobos, artífice de DieSalud y especialista en dietética y nutrición.
 
Pero, ¿por qué tenemos colesterol? “Nuestro hígado es capaz de producir el colesterol necesario para el organismo. Sin embargo, a través de la alimentación, podemos recibir una cantidad adicional de esta sustancia que, en muchas ocasiones, es perjudicial para la salud, sobre todo para el corazón”, relata Cobos. Así, la raíz de ese “aumento” en sangre viene derivado, principalmente, por el  “incremento” de las grasas saturadas y en la dieta.
 

Colesterol bueno y malo

 
Para que el colesterol llegue hasta las células requiere un transporte a través del riego sanguíneo que se hace a través de dos lipoproteínas: la LDL y la HDL. La primera va asociada al colesterol malo y se encarga de llevar el colesterol nuevo del hígado a las células del cuerpo. La segunda es la del colesterol bueno y recoge el colesterol no utilizado y lo devuelve al hígado. Allí se almacena o se libera a través de la bilis.
 
La dietista Josefa Cobos explica los problemas del colesterol malo. “El colesterol malo, en exceso se acumula en las arterias y dificulta el tránsito de oxígeno a través de la sangre, lo que dificulta el trabajo del corazón y del cerebro. La acumulación de estas grasas en los vasos sanguíneos se denomina arteriosclerosis. Aparte de los riesgos de infarto, existen otras patologías cardiovasculares graves ligadas al exceso de éste”, apunta.
Por su parte, el colesterol bueno no sólo es necesario para el organismo, sino que es recomendable aumentar sus cantidades en sangre cuando existe riesgo de arteriosclerosis, porque ayuda a sintetizar el colesterol “malo” que se acumula en las paredes de las arterias. Para los adultos sanos, según Cobos, sería importante un “seguimiento de los niveles de su colesterol”, por lo menos cada cinco años. 
 

Tratamiento en la nutrición

 
Lo principal para controlar y prevenir la hipercolesterolemia es una dieta sanabaja en grasas animales y rica en fruta, verdura y productos  altos en fibra, como norma uso de grasas vegetales (no superando el 30% de nuestro aporte calórico diario) y ejercicio aeróbico cotidiano, de tres a cinco veces por semana, como le sucede a otras enfermedades. El seguimiento en el colesterol diario se presenta como clave para controlarlo. Una buena nutrición a base de una dieta saludable se presenta clave para conseguir este objetivo.
           

La ‘inconsciente’ adicción a los carbohidratos, ¿un obstáculo para una saludable nutrición?

A casi todos nos pasa que, de repente deseamos manjares de comida, dulce o salados. Apetitosos dulces, jugosos muffins, irresistible chocolate… incluso patatas fritas, o, por qué no, una hamburguesa. En definitiva, la arriesgada llamada de los carbohidratos. ¿A quién no le pasa? Un obstáculo en el día día de conseguir una buena nutrición diaria para nuestro cuerpo.
Los carbohidratos, culpables o no de una buena nutrición.
A veces, cuando modificamos nuestra nutrición y nos ponemos a recortar elementos de nuestra dieta alimentaria nos damos cuenta de que es imposible perder peso, a tenor de los resultados que obtenemos, modifiquemos o no nuestra dieta nutritiva. La respuesta a este problema puede estar en la clase de carbohidratos que consumimos.


La reputada dietista Josefa Cobos, tiene una explicación lógica. “Una parte de la energía que obtenemos con los alimentos es utilizada para la reparación celular, reproducción celular y mantenimiento de las funciones corporales de los diferentes sistemas. La otra parte de la energía es depositada en forma de grasa en el tejido adiposo para futura utilización”, asevera.

Según explica, “estos dos sistemas trabajan en armonía. Cuando comemos carbohidratos, estos se metabolizan y producen elevación de azúcar (glicemia) en la sangre. La hormona insulina es liberada al torrente sanguíneo, para llevar la glucosa a las células, producir energía, o almacenar la energía no utilizada en el tejido adiposo (graso)”.


Así, de esta forma, una vez completado el ciclo, los niveles de insulina en sangre “caen” y una segunda hormona llamada glucagon entra en acción para “gastar” la energía depositada en forma de grasa en las necesidades del organismo. Estos dos sistemas tienen que trabajar en balance. Pero el problema, según apunta Cobos, es que “estas dos hormonas no siempre actúan en balance y el exceso de la insulina puede limitar la salida de glucagon”


Cuando los niveles de insulina continúan elevados en la sangre, los órganos y músculos se defenderán creando la condición llamada “resistencia a la insulina”,la glucosa no llegará adecuadamente a los órganos y el músculo y el exceso de glucosa en la sangre será convertida en grasa (la persona ganará peso). Este es el círculo vicioso de la adicción a los carbohidratos que es imposible de quebrar sin un entendimiento del padecimiento.

Cobos aprovecha para recordar un dato muy relevante: Aproximadamente el 70% de las personas con exceso de peso y el 40% de las personas con peso normal son adictas a los carbohidratos. Miles de personas son adictas a los carbohidratos y su problema no es reconocido, diagnosticado o tratado, por lo que afecta a su correcta nutrición.

Por tanto, el paciente con adicción a los carbohidratos, sentirá hambre rápidamente después de comer, porque los niveles de azúcar son “barridos” de la sangre por el exceso de insulina. Se puede producir hipoglucemia que inducirá a la persona a comer de nuevo y continuar el círculo vicioso, del que no podrá salir sino sigue un seguimiento médico, que hoy día ya puede ser online.

Las calorías que no se ven en la nutrición diaria

Nubes.Cuántas veces alguien engorda a pesar de que cree que está llevando a cabo una nutrición sana o una dieta alimenticia adecuada. Siempre se escapan algunas (o muchas) calorías, que están ocultas en los alimentos, y que hacen que las dietas fracasen o no tengan tanto efecto. Pero ¿Cómo se pueden saber dónde están las calorías ocultas que impiden la buena nutrición?

La dietista Josefa Cobos sabe localizarlas perfectamente y actuar contra frases tales como “Siempre como lo mismo y engordo” y “Cada vez como menos y engordo más”.  Para Cobos, estas afirmaciones sobre la nutrición son imposibles. “La alimentación como cualquier otro balance es ‘lo que entra por lo que sale’, lo que ocurre en más de una ocasión es que no somos conscientes de algunas de las cosas que ‘entran'”.  Cobos también hace hincapié en otro aspecto de la nutrición que dice que hay que dejar de relacionar el tamaño de lo que comemos con las calorías que ingerimos.  “Casi siempre los alimentos más pequeños son los que aportan más cantidad  de calorías, por ejemplo, un bombón que pesa unos 10 g. y aporta unas 50 Kcal., dos caramelos toffee, 120 Kcal”, añade Cobos.

Para ella hay 5 tipos de calorías ocultas que hay que descifrar para no engordar y llevar a cabo una buena nutrición:

1.- Calorías escondidas en alimentos light. Que un alimento sea light no significa que no contenga calorías, sino que tiene menos. En ocasiones hay alimentos que contienen un bajo porcentaje de grasas, pero un alta cantidad de azúcares y calorías, o viceversa. Por lo tanto es importante leer la información sobre nutrición del producto. Es importante recalcar que los productos light son aliados de la dieta, pero se debe moderar su consumo.

2.- Calorías escondidas en los aderezos. Aunque parezca insignificante, el agregado de ciertos aderezos a las comidas parece influir en nada. La mayonesa, mantequilla o el ketchup hay que evitarlos para una correcta nutrición. Nunca hay que abusar de ellos.

3.-Calorías ocultas en bebidascarbonatadas. En ocasiones uno piensa que lo que se  bebe no puede aportar calorías y más si son refrescos. Pues bien, no es así. 360 cc de refresco ontiene alrededor de 200 calorías, lo cual si bebes en varias oportunidades puede ssuperar las 500 calorías.

4.- Calorías ocultas en las bebidasalcohólicas. A veces nos parece que las cosas que no necesitamos masticar no tienen calorías, pero no es la realidad, la únic abebida que no tiene calorías es el agua. El alcohol aporta 7 kcal. Por gramo, poco menos que el aceite y casi  el doble que las proteínas y los hidratos.

5.- Calorías ocultas en los chocolates light. Pueden contener menos azúcares, pero no menosgrasas y calorías, por ello es necesario estar atentos. Se puede consumir chocolate light y estaraportando casi la misma cantidad de calorías y grasas.

En definitiva, Josefa Cobos lanza un claro mensaje en nutrición: “La mejor forma de descubrir lascalorías ocultas que hacen fracasar una dieta es leer la información nutricional y nodejarse engañar por los productos light, que pueden ser útiles pero no son la panacea”.  Para ella, estos productos no deben ser consumidos “en grandes cantidades” ya que lo importante es “seleccionar bien los alimentos y “consumir las cantidades adecuadas”. 

Los frentes abiertos de la nutrición en la tercera edad: desnutrición, obesidad y deshidratación

>a mala nutrición o los trastornos alimenticios pueden ser una amenaza incluso cuando el cuerpo humano afronta una de sus etapas más complicadas: la tercera edad. Una mala elección de nuestra dieta en nutrición puede hacer tambalear la condición metabólica de una persona mayor, por lo que hay que seguir a rajatabla una nutrición correcta para afrontar algunos de los problemas más comunes que puede aparecer en esta fase de nuestra vida.

La dietista Josefa Cobos, una especialista en la relevancia de una dieta saludable en la tercera edad para mantener una importante nutrición, apunta algunos de los problemas más graves que puede ocasionar un trastorno alimenticio en esta etapa:

  • Desnutrición: La desnutrición puede derivar tanto de causas psicológicas como fisiológicas, la mayoría de las veces es un poco de las dos, desencadenando un deterioro del sistema inmunológico agravando el problema, ya que al presentar mayor número de infecciones, se altera la ingesta, que a su vez facilita otras posibles infecciones, creando así un círculo vicioso de enfermedad y malnutrición. Los especialistas, hacen mención, también, a la anorexia generada por la ya mencionada pérdida del sentido del gusto y del olfato, los problemas dentales, desordenes digestivos, demencia e incapacidad física para la adquisición y preparación de alimentos e incluso al consumo excesivo de medicamentos que puede generar pérdida del apetito por sequedad bucal o malestares gastrointestinales.
  • Obesidad: A medida que pasan los años, baja la necesidad de ingesta calórica, se acepta un 10% más o menos, por década; esto  unido a una disminución de la actividad física y la ingesta alta de alimentos, no siempre saludables, hace que gran parte de las personas de este grupo presenten un exceso de peso que limitan mucho más sus capacidades y provoque un aumento de riesgo de enfermedades cardiovasculares, debido al acumulo de grasa en la zona abdominal. Sin mencionar el problema para su cuidado, si no son dependientes, requiriendo en ocasiones más de una persona para su cuidado diario.
  • Deshidratación: Otro de los problemas comunes en la tercera edad es la deshidratación causada por la pérdida de masa muscular, ya que esta funciona como reserva de agua, y una disminución de la sensación de sed. Esto explicaría que la ingesta de agua y líquidos es menor en esta época de la vida.

Le relevancia de una dieta saludable en el día a día del envejecimiento de la tercera edad

Latercera edad no tiene porque no ser sinónimo de dieta saludable, sobre todo en un momento en el que el cuerpo humano necesita que se doble la atención que se le ha prestado siempre. El envejecimiento en sí implica cambios moleculares, fisiológicos y por supuesto psicológicos que  desencadenan una serie de  problemas de salud, derivados, principalmente, de una vida con hábitos poco saludables.
 
La nutrición adecuada es básica en la tercera edad.
La dietista Josefa Cobos conoce perfectamente estos cambios que afronta el cuerpo humano una vez cumplidos más de 60-65 años, y apunta a la pérdida de movilidad, el deterioro cognitivo, y una disminución de la función sensorial que altera los sentidos como factores clave a los que prestarle mucha atención. “Estos cambios hacen que se pierda un poco la percepción de la realidad; aunque cierto es, que afecta tanto al tacto, como a la vista o el oído, en cuanto a la alimentación, son la pérdida del olfato y el gusto lo que hace que estas personas prescindan con facilidad de nutrientes esenciales tales como  frutas y verduras que son los únicos alimentos que proporcionan oligoelementos (calcio, hierro, fósforo, etc.) y  vitaminas, tan importantes para la realización de las funciones metabólicas”, explica.
 
Un elemento clave es el otro ausente en la tercera edad: El agua. “Al no encontrarle sabor, la rechazan con insistencia, uniendo  a la desnutricióncuadros de  deshidratación, una de las más importantes causas de requerimiento de atención médica de las personas mayores de setenta años”, relata Cobos.
 
El agua, elemento clave para tener buenos hábitos alimenticios en la tercera edad.

De todo esto concluimos Cobos extrae un mensaje muy claro. “La importancia de llegar a la tercera edad con unos buenos hábitos alimenticios y una actividad física diaria regular, por supuesto, acorde con su edad, para que estos cambios supongan el mínimo impacto posible”. Los problemas más comunes y sobre los que hay que prestar mucha atención, según Josefa Cobos, en la tercera edad son la desnutrición, la obesidad y la deshidratación.

 

 
Los especialistas en la materia señalan que el estado de ánimo influye directamente en la alimentación apuntando que “en esta etapa de la vida la depresión, la soledad y el aislamiento social pueden llevar a los adultos mayores a no comer y a desnutrirse”, relata Cobos.
 
Por otro lado, enfermedades como el Alzehimer, Parkinson y la Demencia Senil influirían en la nutrición, ya que muchas veces no se acuerdan que ya comieron y lo hacen dos veces, o simplemente no son capaces de alimentarse por sí solos. En estos casos es fundamental el apoyo de la familia o especialistas que los acompañen en este camino.