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Medidas para combatir la bronquiolitis aguda en el niño

bronquiolitisLa bronquiolitis aguda es una enfermedad producida por una infección vírica, que afecta a niños menores de dos años, y se manifiesta con dificultad para respirar y, a veces, ruidos de “pitos” en el pecho.

Se denomina así al primer episodio de dificultad respiratoria en un niño menor de dos años.Generalmente se inicia con tos y mucosidad nasal. Después de 3-4 días aparece la dificultad respiratoria progresiva. El niño puede estar irritable, comer menos y presentar fiebre.

El Dr. Sergio Fernández, pediatra y puericultor, apunta una serie de medidas que pueden contribuir a que respire mejor:

  • Mantener al niño algo incorporado (alrededor de 30º) cuando esté acostado. Es conveniente elevar todo el cabecero de la cuna o cama, ya que si sólo se eleva la almohada, puede flexionar excesivamente el cuello, empeorando la dificultad.
  • Lavados nasales con suero fisiológico si presentan obstrucción nasal importante, preferiblemente antes de comer.
  • Fraccionar las comidas, más pequeñas y frecuentes, y no forzarlo a comer.
  • Evitar ambientes con humo y/o masificados.

Sin embargo, el Dr. Fernández, ofrece algunas claves a los padres y madres de los niños. ¿Cuándo se debería consultar con su pediatra? Si comienza con dificultad respiratoria, explica el Dr. Fernández, es conveniente que sea valorado, por si es preciso administrar algún tratamiento o control. También lo es si es menor de tres meses, ya que muchos de ellos precisan observación en el hospital por tener un mayor riesgo de complicaciones. En otros casos, como si presenta mal estado general, lo encuentran irritable o bien adormilado; si se cansa mucho al comer o casi no come; si se pone morado o pálido; si respira peor, cada vez más deprisa o se le marcan las costillas; si mueve mucho el abdomen, se le hunde el pecho o deja de respirar durante segundos, también debes consultar a un pediatra.

Medicación

En la actualidad, no hay ningún medicamento que cure la bronquiolitis. “Es el propio organismo el que controla la infección, pudiendo persistir los síntomas hasta 2-4 semanas. Algunos niños, tras haber padecido una bronquiolitis, pueden presentar episodios sucesivos de dificultad respiratoria con tos, de características similares, en los primeros años de vida”, explica el Dr. Fernández. En estos casos, prosigue, la tendencia es a la curación espontánea con el paso del tiempo.

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Convulsiones febriles en los niños

Una convulsión febril es una respuesta del cerebro ante la fiebre, que se produce en algunos niños sanos entre los 6 meses y los 5 años de vida. El mecanismo por el que se produce es desconocido, pero el Dr. Sergio Fernández, pediatra que forma parte del cuadro médico de Qbaby, es un experto en tratar este tipo de síntomas, de los que ofrece más datos. “Casi siempre ocurren durante las primeras 24 horas desde el inicio del proceso febril, el niño pierde la conciencia de forma brusca, el cuerpo puede ponerse rígido y comenzar con sacudidas o quedarse completamente flácido” explica.

fiebre niños. Además, el Dr. Fernández apunta datos importantes: “También es frecuente que la boca esté de color morado, cerrada con fuerza, como encajada y con la mirada perdida. Suele durar poco tiempo, menos de 5 minutos en la mayoría de los casos. Tras el episodio, el niño tiende a dormirse”, señala.

El Dr. Fernández, que habitualmente resuelve consultas online a padres y madres a través de Qbaby, ofrece algunas de las claves en el caso de que el niño tenga estos síntomas:

  • Colocar al niño tumbado de lado, sobre un costado (esto le permitirá respirar mejor) y lejos de objetos con los que pueda golpearse.
  • No abrir ni introducirle nada en la boca.
  • Ponerle un supositorio de paracetamol si no se le ha dado ningún medicamento para la fiebre en las últimas 2 horas.
  • Tener la valoración de un médico que confirme el diagnóstico.

Para el Dr. Fernández, las convulsiones febriles tienen buen pronóstico, ya que después de la convulsión el niño tendrá el mismo estado de salud que antes. “Cualquier infección banal (catarro, faringoamigdalitis, gastroenteritis…), que curse con fiebre puede provocar una convulsión febril. Son frecuentes, y ocurren hasta en un 3-5% de los niños sanos. Además, después del primer episodio, 1 de cada 3 niños volverán a tener otro a lo largo de su vida”, explica.

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10 consejos para controlar la fiebre en los niños

fiebre en niñosLa fiebre es uno de los motivos principales de consulta en los Servicios de Urgencias, suponiendo hasta un 20% de todas las visitas. Es más frecuente en los niños entre 3 y 36 meses, teniendo una media de episodios agudos de fiebre de entre 4 y 6 episodios al año. Éste número suele ser más elevado en los niños que asisten a la guardería.

El Doctor Sergio Fernández Ureña, pediatra y puericultor, recuerda que la fiebre se define como una temperatura rectal superior a 38ºC ó 37.5ºC axilar. “Su origen y tratamiento es una importante fuente de preocupación en las familias, que desarrolla una ‘fiebre-fobia’, lo que produce que, actualmente haya una tendencia al sobre-tratamiento de la misma”, explica.

El Dr. Fernández Ureña alude algunos consejos publicados por la Asociación Española de Pediatría para intentar racionalizar el manejo y el tratamiento de la fiebre:

1. La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por bacterias.

2. La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ni ceguera, ni sordera, ni muerte.

3. Algunos niños predispuestos (4%) pueden tener convulsiones por fiebre, pero el tratamiento de la  fiebre no evita estas convulsiones. Nunca se deberían dar medicamentos para bajar la fiebre con este propósito.

4. Hay que tratar los niños febriles sólo cuando la fiebre se acompaña de malestar general o dolor. El ibuprofeno y el paracetamol tienen la misma eficacia para tratar el dolor y su dosificación debe realizarse en función del peso del niño y no de la edad. La combinación o alternancia de ibuprofeno y paracetamol no es aconsejable.

5. El uso de paños húmedos, friegas de alcohol, desnudar a los niños, duchas, baños… para el tratamiento de la fiebre está desaconsejado.

6. No abrigar ni desnudar demasiado al niño con fiebre.

7. El niño con fiebre debe estar bien hidratado. Hay que ofrecer frecuentemente líquidos y procurar que éstos tengan hidratos de carbono (zumos de frutas, batidos, papillas, etc.).

8. No es aconsejable el uso de paracetamol o ibuprofeno tras la vacunación para prevenir las reacciones febriles o locales.

9. Ni la cantidad de fiebre ni el descenso de ésta tras administrar ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre la gravedad de la infección.

10. Debe vigilar signos de empeoramiento clínico y consultar con carácter urgente si su hijo presenta:

– Manchitas en la piel, de color rojo oscuro o morado, que no desaparecen al estirar la piel de alrededor.

– Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo y difícil de calmar.

– Rigidez de cuello.

– Convulsión o pérdida de conocimiento.

– Dificultad para respirar (marca las costillas y hunde el esternón, se oyen como silbidos cuando respira, respiración muy rápida, agitada, etc.).

– Vómitos y/o diarrea persistentes o muy abundantes que causen deshidratación (lengua seca, ausencia de saliva, ojos hundidos, etc.)

– Si no orina o la orina es escasa.

– Siempre requiere consulta urgente la fiebre en un niño menor de 3 meses.

Trastornos de conducta en niños y agresividad infantil

trastorno conductaA veces, los profesionales no son del todo conscientes de la gravedad de algunos problemas de conducta infantiles. Para las madres y padres no hay nada más importante en la vida que la familia y sus hijos. Todos queremos que los niños se desarrollen sanos y crezcan felices, pero a veces las ilusiones se ven truncadas por diferentes motivos. Las diferentes patologías neurológicas pediátricas tienen una importante repercusión sobre los padres y toda la familia.

Para el Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández, médico en el Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica, hay patologías de especial sensibilidad social o emocional. “El síndrome de Down, los trastornos del espectro autista (TEA/TGD), el retraso mental… en los que más allá de la propia enfermedad, la conducta de los niños con los demás o consigo mismos, acaba siendo un problema grave”, explica.

En su opinión, en la neurología pediátrica se está “acostumbrado” a estas situaciones. “Son frecuentes las familias que os solicitan ayuda porque no son capaces de controlar la conducta de sus hijos, su agresividad, sus rabietas o incluso las lesiones que se provocan a ellos mismos”, señala. Según Fernández, muchos de los niños con las patologías nombradas anteriormente sufren “importantes trastornos de conducta o agresividad de importante intensidad con sus familiares, con desconocidos o ellos mismos se autolesionan”. Según confiesa, “se hace duro escuchar como una madre, con toda la pena del mundo te cuenta como le preocupa muchísimo como se muerde o golpea su hijo en situaciones de nerviosismo, estrés o frustración”.

En muchos de estos casos, a pesar de las diferentes terapias de conducta y la larga experiencia de las familias en situaciones difíciles, no es posible controlar estas desagradables situaciones, ya sea en casa, en el colegio o en la calle, y además puede haber importante riesgo físico para el niño o su entrono.

Para el Dr. Fernández, en estas situaciones, los profesionales no debemos escatimar esfuerzos para ayudar a estas familias. “En estos casos, el uso de diferentes medicaciones puede ser de utilidad para disminuir de forma considerable la frecuencia e intensidad de estos episodios. El uso de los llamados fármacos antipsicóticos es de utilidad para el control de la agresividad o impulsividad extrema, y a pesar de su feo nombre, no se usan solo en pacientes con psicosis o esquizofrenia”.

Evidentemente, requieren un manejo por especialistas con experiencia, como apunta Fernández, pero medicamentos como INVEGA® (Paliperidona) o ABILIFY® (Aripiprazol), son antipsicóticos de nueva generación que presentan unos buenos resultados con escasos efectos secundarios. De este modo “conforme va aumentando la experiencia y concienciación de los profesionales sobre la gravedad de este tipo de situaciones, mejor seremos capaces de ofrecer a estos chicos y sus familias, la ayuda que necesitan”, concluye.

La importancia de un diagnóstico precoz en los niños que sufren la Enfermedad de Perthes

 

La Enfermedad de Perthes puede dejar secuelas en niños.

Las enfermedades que afectan a menos de 5 personas por cada 10.000 habitantes de una comunidad se denominan bajo la nomenclatura de Enfermedades Raras. O al menos estos son los parámetros que la Unión Europea refleja. Existe una tipología registrada de más de 400 enfermedades no comunes sobre las que se desconocen sus causas y sus posibles tratamientos efectivos.

Entre ellas muchos síndromes descubiertos por doctores que investigaron sobre la materia concreta a la que ahora dan nombre, como es el caso de Legg-Calvé-Perthes, conocida entre los que saben de su existencia como la Enfermedad de Perthes.

Esta extraña enfermedad afecta a las caderas de niños de entre 4 y 11 años (aproximadamente) produciéndoles una falta de riego sanguíneo en la cabeza del fémur, lo que produce a su vez una necrosis en parcial del hueso, y el posterior dolor y secuelas durante ese proceso del crecimiento. Pasados tres o cuatro años de la necrosis, la cabeza del fémur afectada vuelve a regenerarse, y en niños de 6 años no deja secuelas, al menos en la mayoría de los casos. En cambio, en niños de más de 8 años puede regenerase con malformaciones, lo que puede producir cojera o artrosis.

Los principales síntomas de la Enfermedad de Perthes son dolor en la zona de la cadera, o incluso en la rodilla, y por supuesto, cojera sin causa justificada aparente, que no desaparece aunque el dolor haya aparecido después de un golpe y tras guardar el reposo necesario.

Las razones por las que aparece esta dolencia en el fémur se desconocen en la comunidad médica. Sin embargo, el Dr. Abril Martín, uno de los mayores especialistas en España de esta enfermedad rara, apunta en su blog sobre la materia la que podría ser una de las causas que provoque la Enfermedad de Perthes. “La causa de la enfermedad se desconoce. No obstante, según estudios recientes  podría  tratarse de una alteración de la coagulación sanguínea y más concretamente una trombofilia o aumento a la coagulabilidad de la sangre. Esta alteración produciría oclusiones temporales pero reiteradas de las pequeñas arteriolas de la cabeza femoral y secundariamente una muerte celular ósea por falta de aporte de los nutrientes”.

Radiografía de una cadera afectada por la Enfermedad de Perthes.El Dr. Abril Martín, también cita otras investigaciones no sólo internacionales, sino de nuestro país: “Estudios españoles han mostrado también una mayor incidencia de Perthes en hijos de padres fumadores, pero el mecanismo último por el que se produciría la necrosis se desconoce”.

La mejor forma de diagnosticar la enfermedad es la radiografía. El tratamiento dependerá de lo rápido que se detecte, la edad y la forma final que se consiga con la cabeza del fémur, una vez regenerada. Para Abril Martín, actualmente el tratamiento de la Enfermedad de Perthes se basa en el método de contención. “El fin último del  tratamiento es conseguir por todos los medios una cabeza femoral esférica y no aplanada. Los antiguos métodos de descarga de la articulación mediante reposo en cama durante 1 o 2 años, o las clásicas férulas de descarga tipo Tachdjian  se han mostrado absolutamente inefectivos. Ninguno de ambos métodos cambia la evolución natural de la enfermedad”, concluye.

Enlaces de interés:

Familias con Perthes