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Los peligros del TDAH infantil y la hiperactividad en la adolescencia

El mayor conocimiento del TDAH infantil que están adquiriendo las familias en estos últimos años gracias a las diferentes campañas de divulgación llevadas a cabo, está permitiendo ver en las consultas cada vez una mayor variedad de edades en los pacientes que acuden. Si bien hace unos años las familias venían por problemas en chicos de 6 a 14 años, ahora es habitual encontrarse con familias que acuden con sus hijos adolescentes o chicos jóvenes que han oído hablar del tema por amigos o compañeros de trabajo. Dentro de todo ese espectro de edades y características, el grupo de chicos diagnosticados en la adolescencia es el que nos está ofreciendo mayores dificultades.

TDAH

Los adolescentes son complejos por naturaleza. Ya sin presentar ningún problema de salud, frecuentemente, su comportamiento y conducta son difíciles de entender y manejar por parte de los padres y los educadores. En general, los profesionales sanitarios tampoco se encuentran especialmente cómodos cuando chicos entre 15 y 20 años acuden a una consulta, suelen ser poco confiados, poco comunicativos, vergonzosos… etc.

Desde nuestro punto de vista, la ampliación de la edad a la atención pediátrica hasta los 18 años realizada por el Ministerio de Sanidad es un gran acierto. La pediatría es la rama de la medicina que se encarga del control de salud de la persona desde el momento de la concepción (antes del nacimiento) hasta el final del desarrollo (sea la edad que sea), algo que no sucede evidentemente a los 14 años (edad actual de atención pediátrica). Los pediatras, por nuestra experiencia y costumbre en el trato con este grupo de edad, estamos especialmente bien predispuestos al contacto con los adolescente y a conseguir buena comunicación con ellos y sus familias. Por todo ello, en los sistemas de salud más desarrollados, la edad de atención pediátrica es más elevada.

La medicación.Las dificultades conductuales propias de los adolescentes asociadas a los problemas de impulsividad del TDAH se convierten en un auténtico caballo de batalla para familias y profesionales. Debemos ser capaces de mostrarles a estos chicos el origen de su problema a la vez que evitamos transmitirles sensación de enfermedad o problema mental. Para muchos muchachos, tomar una medicación “para algo de la cabeza” es sinónimo de enfermedad mental, de “estar loco”. Si a esto le asociamos las controvertidas opiniones mostrada en ciertos ámbitos sobre el TDAH y su tratamiento, podemos entender las reticencias de chicos y familias en algunas ocasiones.

Si somos capaces de explicarles las cosas con tiempo, sencillez y naturalidad, la inmensa mayoría de estos chicos entiende perfectamente la causa de su problema y no suelen poner trabas a empezar un programa de tratamiento. Esto se ve recompensado con la rápida respuesta que suelen percibir cuando lo empiezan, por lo que finalmente, si conseguimos superar ese muro inicial, solemos ganarnos la confianza de la familia y el apoyo a la misma de todo su entorno.

Para estas familias, la información es fundamental para que todo podamos tomar un camino común, superar las dificultades.

 

Estudios genéticos en neurología pediátrica: el ejemplo del TDAH

La genética está evolucionando de forma desmesurada en los últimos años. Dentro del mundo de la neurología pediátrica podemos encontrar un importante abanico de patologías con base genética que afectan a niños desde el nacimiento o desde la infancia. La epilepsia, la migraña, los trastornos de conducta y el TDAH son buenos y claros ejemplos al respecto. En el mundo de la psiquiatría también hay patologías con base genética muy trascendente como la esquizofrenia.

genesPara el Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández, médico en el Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica “los estudios genéticos realizados en el TDAH muestran una cifran de heredabilidad del 70-80%, lo que es un claro factor predisponerte a tener en cuenta. Siempre debemos preguntar por los antecedentes familiares”.

Conforme avanzan los conocimientos sobre las bases biológicas del TDAH se van afianzando la utilidad de los estudios genéticos desarrollados para su evaluación. “Junto con los datos recopilados en la historia clínica de los pacientes, la aparición de estudios genéticos para el TDAH han supuesto un importante avance en la información que podemos conocer de nuestros pacientes”, explica.

“Aunque los estudios genéticos no nos proporcionan unos datos absolutos, la información sobre los niveles de riesgo o proporciones que nos muestras pueden resultar de una gran utilidad en manos de un especialista que sepa conjugar adecuadamente todos los datos para sacarles el máximo partido”, apunta Manuel.

De esta forma, los estudios genéticos “aportan información sobre la intensidad de los síntomas, las dificultades que podemos tener para controlarlos, la predisposición genética a responder bien a uno u otro fármaco, el riesgo de desarrollar problemas de conducta, relaciones sociales, abuso de sustancias”, señala y todo ello con una “simple muestra de saliva” recogida directamente en la consulta.

Hoy día, por menos de 400€ se puede obtener ya esta información, así que ya no forma parte de la ciencia ficción. Aunque aún nos quedan muchas cosas por saber en este y otros campos de la medicina, cada vez se está más cerca de dar respuestas a las dudas y problemas de nuestros pacientes.

Un test de realidad virtual para el diagnóstico del TDAH en niños

Desde sus inicios, el diagnóstico del TDAH ha tenido múltiples controversias. Esto, junto con las opiniones contrapuestas de los diferentes profesionales implicados en su atención ha sido siempre fruto de discusiones y malentendidos al respecto. Independientemente de los síntomas presentes en el TDAH debemos conocer o mejor posible las repercusiones que este produce en el día a día de las personas que lo sufren.

Para el Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández, médico en el Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica “las nuevas tecnologías nos son de gran ayuda a la hora de poner cifras a los síntomas del TDAH y así evitar la subjetividad que llevan aparejadas las opiniones de padres, profesores y otros profesionales en la evaluación de estos pacientes”.

Un niño con TDAH con las gafas de AULA.

El test de realidad virtual “AULA” es el test más avanzado para evaluar de manera objetiva los síntomas del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)Gracias a unas gafas 3D, el test posiciona al chico en un aula virtual. Sentado en su pupitre, el niño recibe estímulos auditivos (a través de unos auriculares) y estímulos visuales que aparecen en la pizarra virtual. Ante estos estímulos, él debe responder con un pulsador a las instrucciones del profesor virtual. Los resultados de los diferentes ejercicios son procesados por el programa informático que ofrece, en sólo 20 minutos, un informe completo para el  especialista.

AULA no sólo evalúa la tendencia a la distracción, la desviación del foco de atención y la actividad motora. También mide de manera simultánea la atención auditiva y visual, lo que ofrece información muy valiosa tanto para el diagnóstico como para la prescripción del tratamiento. “Por lo tanto, aporta al especialista numerosos datos objetivos y cuantificados que permiten completar un diagnóstico más preciso, certero y rápido de TDAH. “Su uso se asemeja al de un videojuego, lo que resulta muy atractivo para el niño y garantiza su cooperación. Además, al estar basado en una situación similar a la realidad, el profesional se puede hacer una idea muy real sobre el comportamiento del niño”, explica el Dr. Fernández.

“Este es uno de los equipos con nueva tecnología que nos está ayudando a conocer las dificultades reales de los chicos con TDAH así como la respuesta al tratamiento y la evolución en cada momento. Con él, saber cual es la evolución de un chico con TDAH se hace realista, objetivo y fuera de opiniones”, apunta. En INANP cuenta con AULA y otras metodologías especializadas que nos ayudan a evitar opiniones sin fundamento.

Trastornos de conducta en niños y agresividad infantil

trastorno conductaA veces, los profesionales no son del todo conscientes de la gravedad de algunos problemas de conducta infantiles. Para las madres y padres no hay nada más importante en la vida que la familia y sus hijos. Todos queremos que los niños se desarrollen sanos y crezcan felices, pero a veces las ilusiones se ven truncadas por diferentes motivos. Las diferentes patologías neurológicas pediátricas tienen una importante repercusión sobre los padres y toda la familia.

Para el Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández, médico en el Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica, hay patologías de especial sensibilidad social o emocional. “El síndrome de Down, los trastornos del espectro autista (TEA/TGD), el retraso mental… en los que más allá de la propia enfermedad, la conducta de los niños con los demás o consigo mismos, acaba siendo un problema grave”, explica.

En su opinión, en la neurología pediátrica se está “acostumbrado” a estas situaciones. “Son frecuentes las familias que os solicitan ayuda porque no son capaces de controlar la conducta de sus hijos, su agresividad, sus rabietas o incluso las lesiones que se provocan a ellos mismos”, señala. Según Fernández, muchos de los niños con las patologías nombradas anteriormente sufren “importantes trastornos de conducta o agresividad de importante intensidad con sus familiares, con desconocidos o ellos mismos se autolesionan”. Según confiesa, “se hace duro escuchar como una madre, con toda la pena del mundo te cuenta como le preocupa muchísimo como se muerde o golpea su hijo en situaciones de nerviosismo, estrés o frustración”.

En muchos de estos casos, a pesar de las diferentes terapias de conducta y la larga experiencia de las familias en situaciones difíciles, no es posible controlar estas desagradables situaciones, ya sea en casa, en el colegio o en la calle, y además puede haber importante riesgo físico para el niño o su entrono.

Para el Dr. Fernández, en estas situaciones, los profesionales no debemos escatimar esfuerzos para ayudar a estas familias. “En estos casos, el uso de diferentes medicaciones puede ser de utilidad para disminuir de forma considerable la frecuencia e intensidad de estos episodios. El uso de los llamados fármacos antipsicóticos es de utilidad para el control de la agresividad o impulsividad extrema, y a pesar de su feo nombre, no se usan solo en pacientes con psicosis o esquizofrenia”.

Evidentemente, requieren un manejo por especialistas con experiencia, como apunta Fernández, pero medicamentos como INVEGA® (Paliperidona) o ABILIFY® (Aripiprazol), son antipsicóticos de nueva generación que presentan unos buenos resultados con escasos efectos secundarios. De este modo “conforme va aumentando la experiencia y concienciación de los profesionales sobre la gravedad de este tipo de situaciones, mejor seremos capaces de ofrecer a estos chicos y sus familias, la ayuda que necesitan”, concluye.

Los medicamentos genéricos no funcionan igual que los de ‘marca’ tratando el TDAH infantil

La incorporación de los genéricos al campo de la pediatría es toda una realidad. Ejemplo de ello es la cada vez mayor variedad de problemas pediátricos que cuentan con un genérico dentro de las opciones de tratamiento farmacológico, dada la alta frecuencia del TDAH, y este área no iba a ser una excepción.

El Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández, médico en el Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica, apunta que “hay patologías neurológicas o respiratorias como la epilepsia o el asma, en las que la llegada de los fármacos genéricos fue un tanto problemática. En el TDAH, nos podemos encontrar con la misma situación”.

Los medicamentos genéricos no siempre funcionan igual que los de marca, según Fernández.


¿Cuál es el motivo de que esto suceda? Según Fernández, los medicamentos de “marca” no son lo mismo que los “genéricos”. En los casos de epilepsia controlada, “el cambio de un medicamento de una marca usual a un genérico ha supuesto la reaparición de crisis epilépticas en múltiples casos”, explica. Igualmente, en pacientes asmáticos se han detectado “abundantes recaídas” relacionadas con este cambio, apunta. 

Precisamente, Fernández deja muy claro un aspecto que considera muy importante: “La finalidad de la aparición de los medicamentos genéricos es el ahorro económico”. Otro tema es si esta es la mejor opción siempre y en todas las circunstancias. “Evidentemente, la respuesta es no. Las recaídas descritas, además de los problemas que provocan a los pacientes, también producen un aumento del gasto que consume el ahorro previo”, señala. “En cualquier patología donde el efecto sobre los síntomas esté estrechamente relacionado con la dosis y duración del efecto del medicamento, (TDAH, epilepsia, asma…) los cambios que suponen los genéricos pueden ser muy contraproducentes”, apunta.

El Dr. Fernández también señala que “la comercialización de un medicamento genérico obliga al laboratorio propietario del medicamento de marca a igualar el precio más bajo, de modo que poco sentido tiene que en determinados servicios públicos de salud se promocione la prescripción de medicamentos genéricos, ya que finalmente el gasto provocado es el mismo y los resultados a lo mejor no”.